Ultraje

Al hilo de un taller de crítica feminista al que asistí el pasado mes de abril, organizado por los chicos de A cuarta parede bajo los auspicios del Play Doc, me propuse dar un repaso a las filmografías de las dos cineastas más reconocidas del Hollywood clásico: Dorothy Arzner y la también actriz Ida Lupino. Más adelante repetiré tarea con las pioneras, las directoras de cine experimental y otras mujeres relevantes como productoras y guionistas, pero en primer lugar quise centrarme en las directoras que destacaron durante el período clásico de la conservadora industria hollywoodiense. Así fue como, inmersa en esta ardua y entretenida tarea, descubrí Ultraje (Outrage), película que Lupino dirigió en 1950 sobre el espinoso tema de la violación y cuyo tardío hallazgo no deja de despertar mi asombro, está claro que me queda mucho cine por ver. En fin, procedo a aplicar el comodín del “más vale tarde” y dedico esta entrada a comentar mis impresiones sobre la película, excusa perfecta además para desempolvar un poco este cada vez más escuálido blog.

Ida Lupino

Ida Lupino

Tras una serie de desavenencias con la Warner Bros a finales de los años cuarenta, la ya experimentada actriz Ida Lupino fundó, junto a su marido Collier Young, una pequeña productora independiente a la denominaron The Filmakers, con el objetivo de desarrollar proyectos propios. El paso a la dirección le llegó inesperadamente durante el rodaje de su primera producción, Not wanted, basada en un guion que ella misma escribió junto a Paul Jarrico en torno a las dificultades que padecen las madres solteras. El director de la película, Elmer Clifton, sufrió un infarto durante el rodaje y, dadas las limitaciones del presupuesto, Ida Lupino se puso al mando. La cineasta se sintió tan cómoda en su nuevo papel, que al año siguiente dirigió dos largometrajes. Uno de ellos fue Ultraje (Outrage). En un principio, el ingenuo espectador posiblemente intuya que está ante un melodrama común, pero nada más lejos de la realidad, Ultraje deviene en un más que estimable drama psicológico y social con sugerentes trazos de cine negro. Mala Powers interpreta a Ann, una joven sencilla y convencional que acaba de comprometerse con Jim, un tipo afable por quien está dispuesta a dejarlo todo, incluso su empleo como contable. Una noche, tras una larga jornada laboral, Ann es acorralada por el camarero que cada día le sirve el café, un tipo oscuro que está obsesionado con ella. El acoso al que la joven es sometida da lugar a una secuencia de gran audacia narrativa que personalmente añadiría a la lista de las mejores escenas de persecución de la historia del cine. Ann se da cuenta de que alguien la sigue en una calle oscura y solitaria, cuando ya toda escapatoria se reduce a un laberinto de callejones desiertos. Ningún elemento de esta secuencia es accesorio: la alternancia de breves planos fijos con otros más largos en los que introduce suaves movimientos de cámara, el juego con la perspectiva del encuadre aprovechando todo el jugo expresivo de picados y contrapicados, el uso expresionista del claroscuro al nivel de los mejores Noir, los planos detalle de los pies —unos que huyen, otros que se acercan—, el inquietante sonido de pasos y silbidos, e incluso los carteles de siniestros payasos que decoran los muros de las austeras callejuelas contribuyen a intensificar la sensación de amenaza, que se materializa en la violación de la joven. El ultraje queda velado por un travelling vertical que aleja al espectador de la acción al tiempo que contempla impotente cómo un vecino cierra una ventana sin saber qué está pasando a tan solo unos metros de su casa.

Esta audacia a nivel visual no lo es menos a nivel narrativo. Ultraje dista mucho de ser una película feminista —mantiene la representación tradicional de los roles de género y el paternalismo es evidente durante todo el metraje—, pero sí incluye ciertos dispositivos de transgresión perceptibles en el propio personaje protagonista, el tema y una perspectiva reivindicativa que subvierte el relato clásico. Ann es una mujer tradicional y vulnerable, pero está dotada de cierta iniciativa y una capacidad de trabajo y resistencia nada comunes en los personajes femeninos de la época. En cuanto al tema, Ida Lupino se decanta por un conflicto duro y poco habitual en el cine, contemplado además desde el punto de vista de la víctima y comparándolo con la neurosis de guerra. Cuando Ann vuelve a casa en estado de shock, debe someterse a una serie de exámenes médicos, implacables interrogatorios y ruedas de reconocimiento cara a cara con los sospechosos que no hace otra cosa que reforzar su trauma. A este frío proceso burocrático, debe añadir las involuntarias miradas de conmiseración de su círculo más cercano. Abrumada por la presión, Ann decide huir con el propósito de reconstruirse desde la nada. A partir de este punto, y a pesar de las debilidades de la protagonista o de los caballeros andantes que puedan acudir al rescate, la progresión de la película queda innegablemente marcada por la acusación que Ida Lupino dirige directamente al Estado, que no es otra que su flagrante negligencia ante situaciones de agresión sexual, no solo en cuanto al fracaso de la protección de las víctimas, sino también en lo que al posterior proceso judicial respecta, que lejos de ampararlas, solo las expone más. Ultraje es otra muestra de la valentía de la cineasta y su responsabilidad a la hora de realizar películas reivindicativas sobre asuntos incómodos y nada complacientes con el sistema patriarcal de la época y el vigente código Hays. Sus personajes femeninos son más o menos frágiles y resultan heridos de un modo u otro, pero todos conservan una inmutable capacidad de resistencia en el contexto más vulnerable sin perder la dignidad en ningún momento.

En algún sitio leí (*) que Scorsese considera esta película como una de las que mejor refleja el ambiente amenazador del cine negro. Concuerdo totalmente. A ello añadiría la agradable sorpresa que resultó descubrir el talento, la sensibilidad y la empatía de una cineasta que practicó la sororidad antes de que la propia palabra existiera. Más vale tarde.

 

(*) Aquí, concretamente: http://conelcineenlostalones.blogspot.com/2009/09/ultraje-ida-lupino-1950.html

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