Impresiones de Cineuropa: Remine, el último movimiento obrero

Intenso y cinéfilo mi novembre de este 2014. Un honor trabajar en un pequeño gran festival como es Cineuropa, que a pesar de las inclemencias ambientales continúa activo a sus 28 años gracias a la dedicación y al mimo de José Luis Losa. Aquí quedan mis impresiones, publicadas también en su página web.

 

Cartel de Remine

Emocionante y muy instructiva fue, sin duda, la tarde del pasado 26 de noviembre, cuando Cineuropa contó con la presencia de Marcos Martínez Merino y Marta Fernández Crestelo, creadores de Remine, el último movimiento obrero. La película cautivó a un público que le otorgó el 9.48 que la convertía en la vencedora de esta XXVIII edición.

Ambos cineastas conversaron con los espectadores sobre el origen del documental, sus objetivos y el resultado obtenido. Remine se gestó como parte del propio proceso vital de los autores, que decidieron dejar atrás quince años de trabajo en televisión, en informativos, para comenzar una nueva vida realizando películas. Marta fue la autora de la idea original, que surgió a partir de la lectura y de su curiosidad por la historia de los mineros desde aquella revolución social de 1934, durante el bienio radical-cedista de la Segunda República, que terminó de forma trágica, recibiendo Asturias el mayor impacto represivo.

El principal objetivo era reivindicar el colectivo de la minería; mostrar una imagen auténtica y veraz de los mineros, ofreciéndole al espectador los datos suficientes como para alcanzar conclusiones sin caer en los prejuicios que tradicionalmente rodean este sector. Para ello querían conocerlos, entrar en ese grupo complejo e impenetrable porque, en palabras de Marcos: “teníamos claro que lo más importante eran las emociones”.

Otro imperativo era evidenciar la falta de alternativas económicas y laborales del sector. Y es que, a pesar de los tan cacareados planes de reindustrialización, la minería sigue siendo la principal opción para los habitantes de La Cuenca. No hay alternativas reales de empleo y las minas están cerrando. Cierre, por cierto, que se atribuye a la supuesta falta de rentabilidad del carbón cuando, en realidad, este se está comprando a países como Colombia o Sudáfrica, donde los derechos laborales son prácticamente inexistentes.

El resultado es un estudio casi antropológico del colectivo minero asturiano y una epopeya de aquel movimiento obrero surgido a raíz de la revolución industrial, del que hoy en día los mineros son un caso único. La unidad que siempre les distinguió se mantiene con los años. A diferencia de otros gremios, ellos tienen claro que mejor juntos que separados, porque así se lograron los derechos del trabajador; así se construyó el estado de bienestar en el que vivimos y que ahora vemos peligrar. El documental apela a la dignidad y la responsabilidad colectiva, porque en la unión reside la fuerza. Pero ¿qué hay de especial en este colectivo para que esa histórica solidaridad continúe intacta? Los cineastas ven la muerte como uno de los motivos; según Marta, “la minería como profesión que a diario lidia con la muerte ha forjado toda una cultura que va mucho más allá de lo político”.

Para realizar la película, Marta y Marcos vivieron varios meses en La Cuenca porque sabían que esa historia solo se podría contar desde dentro. Por cosas de ese azar, que según Cortázar hace tan bien las cosas, el inicio de la huelga de 2012 coincidió con el rodaje, ofreciéndoles la oportunidad de documentar un auténtico movimiento obrero. Pero todo transcurrió sin prisas, sabían que no era imprescindible (ni posible) conseguir el primer día las mejores imágenes. En opinión de Marcos, “para contar las historias hay que conocerlas, entenderlas y no juzgarlas, casi ser parte del mobiliario, que es lo que pasa al final de la película, donde ellos no son conscientes de nuestra presencia”. Él mismo convivió con los mineros durante cuatro meses paciente, respetuoso y sabedor de que el tiempo de proximidad, sin cámaras de por medio, era esencial para entrar en las emociones de un grupo que difícilmente se abre al extraño.

 Otra cuestión de azar provocó que los cineastas entrasen en contacto con Javier Bauluz, casualmente, su nuevo vecino en Gijón. Bauluz, fotoperiodista y primer Pulitzer español, tenía un propósito similar al de los realizadores de Remine, así que juntos fueron a grabar la protesta. Marcos Martínez y Javier Bauluz atravesaron montañas y barricadas para retratar el conflicto directo, y acompañaron a los mineros durante aquellos 65 días de huelga. Fruto de ese trabajo en común surgió otro proyecto paralelo a la película, el libro #resistenciaminera, que documenta con imágenes y fotografías las emociones y la determinación de un grupo humano que lucha por sus derechos.

Una vez terminado el rodaje, durante el período de posproducción, el mayor temor de los creadores de Remine era que la película pudiese envejecer. Pero nada más lejos de la realidad, lamentablemente la historia está plenamente vigente. Así lo demuestran las reacciones del público tras el visionado del documental; en países tan dispares como España, México, Chile, Argentina o Rusia, se desencadenaron emociones muy similares. Y es que Remine no deja de ser la historia de todos los trabajadores. Para la sociedad actual, marcada por el escepticismo y la desconfianza hacia las organizaciones que nos representan, ver un colectivo capaz de enfrentarse a todo con la unión como base fundamental, resulta revitalizante y esperanzador. Por otra parte, la película no deja de ser un revulsivo para los propios protagonistas, los mineros, por el reconocimiento que supone para el colectivo, que pasa por horas bajas debido al esperado y desesperante abandono de la Administración que motivó el inicio de la huelga.

El futuro de Remine, el último movimiento obrero se prevé próspero, no en vano cuenta con una magnífica carta de presentación. Aparte del premio del público de esta XXVIII edición de Cineuropa, el documental recibió una mención especial del jurado en el Bafici de Buenos Aires, el premio de la sección oficial del Festival de la Memoria de México y el de mejor película de la sección “Las nuevas Olas. No ficción” en el Festival de Sevilla. Tal y como alegó el jurado de Sevilla, Remine es una película “necesaria, honesta y emotiva. Un testimonio de la dignidad de los mineros y un legado para futuras generaciones”. Porque este no puede ser el último movimiento obrero.