Hoy en el cine Yago: Las Melancólicas sin censura

Las Melancólicas

Aunque en la actualidad el título de esta entrada no nos transmita nada especial, resume lo que en su momento fue todo un escándalo. No podia imaginarse el gerente del cine Yago el éxito que supondría la exhibición de su última adquisición, Las Melancólicas, de Rafael Moreno Alba. Con su proyección se batieron todos los récords de taquilla en el viejo cine compostelano y el suceso pasó a engrosar el (grave) anecdotario de la censura en el cine durante el franquismo.

La historia de las dobles versiones era ya larga. Con el auge de las coproducciones y ante la falta de subtítulos y doblaje, los productores decidieron rodar varias versiones para que cada uno de los países participantes de la producción pudiese apreciar la película en su propio idioma. En la España franquista, con la imposición de una rígida censura los productores y directores decidieron darle continuidad al formato aunque con diferentes objetivos. Por un lado, la versión española podría conseguir apoyo institucional y asegurarse una buena y apacible acogida. Por otra parte, la versión dirigida al público extranjero, que contenía un mayor número de secuencias, podría suscitar interés más allá de nuestras fronteras y conseguir una mayor rentabilidad. Para lograrlo, se alargaron los besos y las escenas amorosas; se recortaron faldas y se ampliaron escotes; en ocasiones llegó, incluso, a asomar de forma accidental alguna parte del cuerpo habitualmente oculta y casi siempre femenina, a cuya visión no estaban acostumbradas nuestras inocentes y cercenadas miradas.

Sala Yago

En enero de 1973 en el cine Yago se proyectó por error la versión no censurada de la película Las Melancólicas de Rafael Moreno Alba, suceso que vino a enturbiar la calma de la capital gallega. La trama de la película se desarrollaba en un psiquiátrico para mujeres a finales del siglo XIX y a lo largo del metraje se sucedían una serie de desnudos integrales y diversas escenas eróticas que dejaron patidifusos a los espectadores que habían acudido al estreno. Inmediatamente se corrió la voz y larguísimas colas colapsaron la taquilla del cine Yago en cada una de las tres sesiones diarias de la semana que se proyectó la película protagonizada por Analía Gadé, Francisco Rabal y Espartaco Santoni. Aunque el profesor José María Folgar de la Calle (a él y a José Luis Losa tengo que agradecerles el relato de esta apasionante historia) no le da mucho crédito, lo cierto es que cuenta la leyenda que incluso se llegaron a fletar autobuses de poblaciones limítrofes para contemplar lo nunca visto.

El espectáculo terminó cuando el subdelegado de información y turismo en Santiago (cuyas oficinas se situaban en el edificio del Café Casino, en la misma rúa do Vilar), asombrado por la expectación que suscitaba aquella película a las 17:30 de la tarde de un día laborable, fue a verla. Pero no llegó a ver el final, escandalizado corrió a hablar con el gerente del cine que le mostró todos los permisos en regla. El empresario también se había extrañado por el tipo de película pero ante los beneficios que le estaba reportando, no tenía intención de quejarse. ¿Qué había pasado? Pues que en la caja para la exhibición en España con su  correspondiente permiso se coló la copia dirigida al extranjero. En aquel momento, la película se dejó de exhibir y los compostelanos volvieron a sus recatadas y tranquilas vidas, pero el suceso demostró la doble moral con que se nos trataba. A los españoles se nos prohibían unas imágenes que el resto del mundo era libre de ver.  Así fue cómo Las Melancólicas se convirtió en una película de culto que hoy podemos visionar en Youtube.

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