Cortázar guionista

Cortázar

«A mí el cine me ha influido mucho. No creo que se note demasiado en lo que escribo pero es una cosa subterránea. Hay todo un sistema de imágenes en el cine que yo no sería capaz de explicar racionalmente pero que las siento subliminalmente»

Julio Cortázar, entrevista en A Fondo, TVE, 1977.

 

La relación de Cortázar con el cine fue (y es) prolífica y enriquecedora, tanto para él por esa influencia de la que habla, como para nosotros los espectadores, que podemos disfrutar de multitud de películas basadas en su obra. No obstante, su relación con el cine no termina ahí. A pesar de que el autor de Rayuela es uno de los escritores más reivindicados de los últimos tiempos, hay una faceta suya que, quizá por breve, todavía está poco reconocida: la de guionista.

La primera colaboración de Cortázar en una película es analizada en el documental Buscando la Sombra del Pasado, dirigido en 2004 por el realizador chivilcoyano Gerardo Panero. Durante su etapa como profesor de la Escuela Normal de Chivilcoy, entre los años 1939 y 1944, Julio Cortázar fue invitado por el fotógrafo y cineasta Ignacio Tankel a participar como guionista de su ópera prima, La Sombra del Pasado. Lamentablemente, todas las copias de la película están desaparecidas, al igual que el 90% del cine mudo argentino y el 50% del sonoro, y no podemos juzgar ese primer contacto de Cortázar con el cine, sin  embargo, sí podemos evaluar su trabajo en Circe, la segunda de las tres adaptaciones que de sus cuentos realizó el director argentino Manuel Antín.

Anteriormente, en 1961, Antín había trasladado al cine el cuento Cartas de mamá con el nombre de La Cifra Impar. La película fue todo un éxito y Julio Cortázar quedó tan satisfecho con el resultado que se ofreció a participar activamente en su siguiente proyecto, Circe, adaptación del cuento homónimo que se estrenaría en 1963.

Circe CuentoCirce nos cuenta la relación existente entre Mario y Delia Mañara, una reservada joven sobre la que corren todo tipo de rumores por la sospechosa muerte de sus dos anteriores novios. En el cuento, Delia es una joven rubia y aparentemente frágil que ejerce una extraña mezcla de temor y fascinación sobre los animales. Los gatos la persiguen y las mariposas se posan en su pelo, pero ella prefiere la compañía de animales más siniestros como arañas y todo tipo de insectos. A pesar de las habladurías, Mario no puede evitar acercarse a Delia hipnotizado también por esa joven clara y a la vez oscura que vive encerrada en casa de unos temerosos padres. Al igual que la Circe mitológica, la joven hechicera manipula licores y esencias que le sirven para fabricar exquisitos y peligrosos bombones. A lo largo de esta pequeña fábula de horror, la tela de araña que Delia teje en torno a Mario se va materializando hasta el momento en que el joven, como un moderno Ulises, consigue deshacer el maleficio y salvar su vida.

 Julio Cortázar escribió el cuento tras los nueve duros meses que invirtió para lograr el título de traductor público, carrera que habitualmente se realizaba en dos o tres años. El gran esfuerzo invertido le provocó ciertos desequilibrios como el de una paranoica desconfianza por la posible presencia de insectos en la comida, con lo cual, la redacción del cuento supuso para él una catarsis de todos esos miedos. El proceso de conversión de la pesadilla al cuento de inspiración mitológica, puede completarse con la influencia de dos autores admirados por Cortázar. Por un lado, la dama protagonista del poema Belle Dame sans merci de John Keats es toda una mujer fatal que supera las limitaciones de la clásica hechicera marginada. La bella y lánguida dama seduce a su víctima hasta hacerle perder la razón e inducirlo al sueño eterno. Por otra parte, el mismo Cortázar admite la influencia del prerrafaelita Rossetti incluyendo como epígrafe de Circe un fragmento de Orchard-Pit, poema del escritor británico protagonizado por otra mitológica mujer fatal: la sirena.

Circe

La adaptación del cuento al cine incluye ostensibles cambios. El guión reinterpreta lo fantástico del cuento convirtiendo la película en una reflexión de cariz psicológico sobre la liberación sexual de los años 60. Delia Mañara es una joven y luctuosa viuda negra, de pálida tez y pelo oscuro que parece ir siempre acompañada de sus novios muertos. Su personaje, más desarrollado y atormentado que el del cuento, parece sentirse atrapado en su enfermiza mente e inevitablemente encadenada a un solitario destino. Ella misma parece víctima de una maldición que la obliga a matar a todos sus pretendientes. Cuando comienza su relación con Mario y le demuestra su imposibilidad de amar, el joven comienza a sentirse sexualmente frustrado e intenta huir de la fascinación que siente por Delia a través de Raquel, un nuevo personaje que aparece en la película como contrapunto de la mujer fatal. Raquel es clara, accesible y liberal, características que acentúan lo patológico de la personalidad de una Delia reprimida y siempre enfrascada en el pasado. Tras descubrir el verdadero objetivo de la bruja, este Mario cinematográfico también logrará destruir el hechizo impuesto por su particular Circe y refugiarse en la libertad que representa Raquel.

A pesar de estar muy planificada y concebida al detalle, el resultado final de la película no fue tan redondo como la anterior adaptación de Manuel Antín. El editor Antonio Ripoll utilizó el montaje para simular los cortazarianos tiempos rotos que tan bien habían funcionado en La Cifra Impar  y que dotaron a la película de un estilo muy cercano al de dos integrantes de la Nouvelle Vague como son Alain Resnais y Marguerite Duras. Sin embargo, la simultaneidad en la acción de los tres novios obliga a reiterar en exceso la misma estructura de las secuencias, ralentizando el ritmo de la película. No obstante, hay que reconocer el valor de Circe como el mejor testimonio del Cortázar guionista, cuya literatura se reconoce a lo largo de todo el metraje.

Publicado en Culturamas el 25 de septiembre de 2013

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