Llamando a la puerta del cielo

Heaven's Gate

Hace un par de años pasaron por la televisión “La Puerta del Cielo” (Heaven’s Gate, 1980), una película del director Michael Cimino desconocida para mí, y realmente sorprendente por dos motivos. En primer lugar por su apabullante belleza y esa aureola de película épica que transmite. En segundo lugar por un extraño montaje que a todas luces demostraba que el metraje había sido cortado y recortado más de la cuenta.

Al poco de verla, supe de ese halo de película maldita que la rodea, con lo que mi expectación aumentó.

En 1979, Michael Cimino era el director de oro. Venía de ganar cinco Oscars de la Academia de Hollywood por ese duro retrato de los horrores de la guerra que es “El Cazador” (The Deer Hunter, 1978), entre ellos, el de mejor director y mejor película. Así que cuando les ofreció a los directivos de la United Artists recuperar y dirigir aquel viejo guión que adaptaba libremente (muy libremente) la Guerra del Condado de Johnson, ellos le firmaron un cheque en blanco.

Sin embargo, los 44 millones de dólares que costó la producción; la meticulosidad de un perfeccionista director, que se aprecia en cada fotograma; y la discreta acogida de público y crítica estadounidenses, provocaron el hundimiento de la United Artists,  que acabaría siendo comprada por la Metro-Goldwyn-Mayer, y el declive de la carrera de un prometedor Michael Cimino, que pasaría a engrosar la lista de directores malditos.

Tras sólo una semana en cartel, la versión del director, que duraba 219 minutos, fue recortada sin su consentimiento, hasta los 143 minutos que yo había visto. El perfeccionismo de Michal Cimino, cuya intención era pasar a la historia con Heaven’s Gate, provocó un buen puñado de anéctodas y vicisitudes durante el rodaje y postproducción que podéis ver aquí. Sin embargo, con el fracaso comenzó la leyenda. Leyenda que no ha parado de crecer desde el visionado de una copia restaurada de la película en la Muestra de Venecia este pasado 2012.

Casi dos años después de ver aquella primera versión de la película, tuve la oportunidad de disfrutar, en Cineuropa, del montaje original del director, en pantalla grande, con buen sonido y en versión original. Salí hipnotizada del cine, tarareando una de esas hermosas melodías que un jovencísimo David Mansfield (tenía 24 años) compuso para la banda sonora de la película.

“La Puerta del Cielo” es el relato ficcionado de la Guerra del Condado de Johnson, un episodio bastante vergonzoso de la historia de los Estados Unidos. En abril de 1892 estalló el conflicto en este pequeño condado del estado Wyoming, cuando los grandes ganaderos, coordinados por la poderosa Wyoming Stock Grower’s Association, hartos de los robos de reses cometidos por los colonos, en su mayoría familias humildes provenientes de centroeuropa, elaboran una lista negra de 125 supuestos cuatreros y contratan a 50 hombres para que los eliminen.

Son casi cuatro horas de puro y magnético cine, de esa maravillosa banda sonora de David Mansfield (quien, por cierto, interpreta al violinista) y de una extraordinaria fotografía en tonos ocres de Vilmos Zsigmond.

“La Puerta del Cielo” es una canción de amor al (anti)héroe, a ese perdedor tan presente en el cine postmoderno, desde Sam Peckinpah hasta Coppola. Rostros conocidos como Kris Kristofferson (James Averill), Isabelle Huppert (Ella Watson), Christopher Walken (Nathan Champion) y John Hurt (Billy C. Irvine), junto con secundarios de lujo como Jeff Bridges, Brad Dourif, Sam Waterston, Joseph Cotten, Mickey Rourke, Willen Dafoe o Terry O’Quinn, nos seducen con bailes, plácidas praderas, amor, brillantes lagos, montañas nevadas, vaqueros sucios y desdentados, honestidad, autenticidad e ingeniosas estrategias de combate y nos llevan a su terreno, un terreno que pisamos con recelo porque sabemos que sólo David pudo vencer a Goliat.

Cimino desarrolla aquí toda una declaración de intenciones. Es cine comprometido y social que demuestra que lo crítico no tiene que estar necesariamente reñido con lo espectacular, lo grandioso, en este caso. El cineasta convierte en denuncia actual un acontecimiento del pasado oscuro de la nación más poderosa del mundo. Sin embargo, no es tan solo una película antiamericana, como se ha dicho. Los centroeuropeos adinerados también dan buena muestra de su mezquindad. “La Puerta del Cielo” va más allá del enfrentamiento entre clases sociales. Lo que nos presenta es un conflicto de valores y una honesta manifestación de la naturaleza humana. Cimino claramente se posiciona del lado del que, a pesar de las dificultades, sabe vivir y disfruta de la vida, frente a la vacuidad existencial de esa clase que supuestamento lo tiene más fácil.
Este canto a la vida de Michael Cimino que no escatima en medios ni recursos, todavía es visible sólo en pequeños circuitos. Sin embargo, con público y crítica exigiendo que la película ocupe el lugar que le corresponde, es decir, su lugar entre los clásicos, confío en que pronto podamos acceder todos a su versión completa porque, realmente, merece la pena.

FIN

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