Yo soy de Bajo Ulloa

En nuestras conversaciones o debates sobre el actual cine español suelen surgir varias preguntas: ¿Es de buena calidad nuestro cine? ¿puede competir con las cinematografías internacionales? ¿hemos superado nuestros conflictos? ¿cuál es el mejor director?. En cuanto a esta última pregunta, el debate suele derivar hacia una cuestión más concreta: ¿eres de Amenábar o Almodóvar?. Con más o menos frecuencia recordamos la existencia de otros directores como, por ejemplo, Fernando Trueba, Álex de la Iglesia, Julio Médem, Icíar Bollaín o Fernando León. Respecto a este último estoy totalmente de acuerdo con esa sabia persona que un día me dijo: “creo que si en este país se le otorgara mayor trascendencia a las películas de Fernando León, nuestra sociedad sería muy distinta”. Sus películas transmiten sencillez, compromiso social y una extraordinaria sensibilidad. Sin embargo, yo siempre fui de Bajo Ulloa. Y no del Bajo Ulloa de “Airbag” (aunque cada vez que la vea me ría más que la anterior), ni del Bajo Ulloa de los videoclips, de los documentales sobre bandas de rock o el de las convenciones de cómics, sino del Bajo Ulloa de “Alas de Mariposa” y “La Madre Muerta”.

Alas de Mariposa

“Alas de Mariposa” es un oscuro cuento de amor y desamor; de incomprensión, incomunicación y soledad; de odios, rencores y miedos; y de esas supersticiones que dominaron y todavía dominan algunas sociedades, incluida la nuestra. La película se divide en dos partes, presentándonos la primera la infancia de Ami y la segunda, su incómoda coexistencia con el mundo adulto. Amanda crece en una familia humilde, supersticiosa y llena de prejuicios donde la necesidad de un hijo varón que ayude al padre se antepone al cariño y la protección de la niña. Ella decide vivir en su propio mundo, apartada de estas preocupaciones y dando la espalda a todo tipo de supersticiones. Pasa gran parte de su tiempo sola, dibujando alegres y coloridas mariposas.

Pero todo su mundo se desploma con la llegada del ansiado niño. El desprecio y la falta de comprensión provocan una tragedia que sirve de punto de inflexión a la historia. La Ami niña deja de pintar mariposas infantiles y alegres  y se convierte en la Amanda adulta, joven, que construye siniestros y oscuros esqueletos de mariposas.

Juanma Bajo Ulloa hipotecó su casa con 24 años para producir y dirigir esta película, cuyo guion coescribió con su hermano Eduardo. Con ella despuntó llevándose los tres premios Goya a los que estaba nominada: mejor actriz (Silvia Munt), mejor guion y mejor director novel.

“Alas de Mariposa” conforma un sensible y sombrío poema visual narrado con gran maestría. Los planos picados desde perspectivas angulares nos presentan la vida de la pequeña Ami en una siniestras casa de muñecas. A ello contribuye la elección de la propia actriz, Laura Vaquero, una niña de larga melena oscura y grandes ojos azules que, casi sin pronunciar una palabra, confiere a su personaje unas expresiones de inteligencia, dulzura, soledad y necesidad de afecto, totalmente creíbles.

La misma línea de cuento tenebroso sigue su segunda película “La Madre Muerta”, rodada en 1993 con los ingresos que le proporcionó “Alas de Mariposa”. La película nos narra la relación entre Ismael (interpretado por Karra Elejalde, nuestro patrio Dennis Hopper, omnipresente en todo proyecto que se precie durante la década de 1990) y Leire (papel por el que Ana Álvarez fue premiada en varios festivales), hija de una restauradora a la que Ismael asesinó cuando ella era pequeña. Veinte años después del crimen, Ismael reconoce a la hija de su víctima en una institución mental. Ante la sospecha de que lo haya reconocido, decide secuestrarla y asesinarla, pero entre ellos nace una extraña y enfermiza relación emocional.

La película guarda muchas similitudes con su anterior producción, como esa atmósfera gótica que oscurece la historia y una bella banda sonora que acentúa el ritmo narrativo. En este caso, toda la escenografía contribuye a crear un ambiente enrarecido, la casa y los muebles antiguos, las vidrieras, las imágenes religiosas y la institución mental, enfatizan esa inquietud que en la anterior película venía dada principalmente por los personajes y la oscuridad de la casa. Los planos detalle resaltan esa atmósfera insana que acerca las primeras películas de Juanma Bajo Ulloa al cine europeo más que al norteamericano. Sin embargo, también hay diferencias entre sus dos primeras producciones. El más perceptible es el sentido del humor, totalmente ausente en “Alas de Mariposa” y a ratos presente en “La Madre Muerta”, originando un par de planos cenitales que llevan a recordar (y parodiar) la cúpula de la Capilla Sixtina.

La madre muertaEn fin, sin llegar a ser perfectas, pues sí que se caen en algunas exageraciones y algunos golpes de efecto innecesarios, las primeras películas de Juanma Bajo Ulloa sí merecen nuestra consideración. Se llegó a decir de ellas que eran pedantes y demasiado presuntuosas. Yo simplemente veo dos ejemplos de buen y poético cine.

Tras el más flojo recibimiento de “La Madre Muerta” por parte de la crítica, Juanma Bajo Ulloa se convierte en el “enfant terrible del cine español”. En 1996 acepta rodar “Airbag”, desdeñada por la crítica y masivamente aplaudida por el público. Tras el éxito que suscita, reniega del cerrado sistema de distribución y exhibición que obliga a esos incómodos y superficiales compromisos de imagen y empieza a ser rechazado por las productoras. Sólo en 2004 vuelve a rodar un largometraje, “Frágil”, película que continua la línea de las dos primeras pero con menos acierto. Desde entonces se dedica a la realización de cortometrajes, documentales, videoclips y otras funciones.

Mientras tanto, muchos de nosotros esperamos pacientemente el día en que decida volver a ponerse tras la cámara de un nuevo proyecto cinematográfico. Porque yo soy más de Bajo Ulloa.